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El Ferrocarril de Valparaíso a Santiago |
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La necesidad de unir el principal puerto de la República con la capital de manera expedita, se fue haciendo cada vez más apremiante. Si bien, desde finales del periodo colonial se había mantenido un camino que unía a las dos ciudades, su estado era bastante precario después de cada invierno. La movilización de coches de pasajeros y carros de carga por este camino se hacia casi imposible, demorándose los primeros dos días y los segundos casi una semana, tiempo que se veía incrementado si el clima era adverso. Esta situación dificultaba el comercio y el traslado de personas entre las dos ciudades, lo que llevó a que surgieran voces a favor de la construcción de un novedoso medio de transporte que ya se utilizaba en Europa: el ferrocarril. Quizás muchos de los que solicitaban este medio de transporte, nunca lo habían visto funcionar, pero al parecer la necesidad de salvar esta distancia era más imperiosa, que el pequeño detalle de no conocer cómo funcionaba. Ya en 1842, William Wheelwright había concebido la idea de construir un ferrocarril entre las dos ciudades, sin embrago el Congreso Nacional sólo logró despachar el 19 de Junio de 1849 una ley la cual permitía y por espacio de treinta años, la construcción y explotación de una vía férrea. Sin embrago, su proyecto no logró reunir los recursos necesarios, que incluso lo llevarían hasta Europa para tratar de obtenerlos. Una vez que se logró inaugurar el ferrocarril de Caldera a Copiapó, la opinión generalizada era que el proyecto de unir la capital con el puerto, era una necesidad impostergable. Fue así como, por ley del 28 de Agosto de 1851, se autorizó al gobierno para que crease una sociedad con capitales nacionales tendiente a concretar lo antes posible el proyecto propuesto por Wheelwright. “Al año siguiente se le permitió al gobierno enajenar la deuda peruana de cuatro millones de pesos, con el objeto de invertir su producto en la construcción de los ferrocarriles de Valparaíso a Santiago y de la capital al sur”. Esta actitud más activa de parte del Estado, permitió concretar la primera sociedad anónima para la construcción de este ferrocarril, la cual se denominó “Compañía del Ferrocarril de Santiago a Valparaíso”. Entre los accionistas se encontraban el Estado chileno, Matías Cousiño, Candelaria Goyenechea y Josué Waddington. De las tres propuestas que se barajaron en su momento, se determinó finalmente construir el ferrocarril por el valle del Aconcagua. Para ello se contrató al ingeniero norteamericano Allan Campbell, “quien había llegado a Chile en 1849 con su hermano Alexander para trabajar como ingeniero jefe del ferrocarril de Copiapó a Caldera”. Sus estudios determinaron que la mejor ruta que se podía emprender, era aquella que partiendo desde Valparaíso por la costa hacia Viña del Mar, se continuaba hasta Con Con, Quillota y desde la cuesta el Tabón continuarían los rieles con destino a Santiago. El primer tramo se inauguró entre las ciudades de Valparaíso a Viña del Mar el 16 de Septiembre de 1855. En siete kilómetros se habían empleado tres años de Trabajo. Este evento convocó a gran número de autoridades y curiosos que se apostaron en las inmediaciones de la Estación Barón a conocer este nuevos sistema de transporte “sin caballos”. En la oportunidad se pronunció el siguiente discurso: “La empresa vencedora de los obstáculos, en adelante recompensa el porvenir de Valparaíso, Quillota, Aconcagua y Santiago”. Discurso que sirvió para bautizar las diez primeras locomotoras de este ferrocarril. La velocidad máxima bordeó los treinta kilómetros por hora. El tiempo que empleaba la locomotora en trasladarse entre Barón y Viña era de 9 minutos en los trenes expresos, tiempo que se extendía a 15 en los ordinarios. Una vez que el trazado llegó a Quillota, los trabajos se vieron temporalmente paralizados, lo que dio tiempo para que el Ingeniero, traído desde Francia, M. Salles estudiase las posibilidades de proseguir la ruta por Melipilla, La Dormida, Chacabuco o por el Paso del Tabón. - ¡Convenido!- exclamó el ministro, con ánimo valiente, y tiró los planos debajo de la mesa. El ferrocarril finalmente fue inaugurado el 16 de Septiembre de 1863, un año antes de lo estipulado en el contrato. El día de la inauguración, un tren en Santiago y otro en Valparaíso son despachados con autoridades y fervorosos entusiastas del ferrocarril con destino a Llay Llay, lugar en el cual se daría por inaugurada la vía por el presidente de la República, quien señaló en una de sus partes de su discurso, que: “Los ferrocarriles son la expresión del movimiento y de la industria, y el desenvolvimiento de la cultura intelectual, facilitándole comunicación de los diversos pueblos de la tierra”. Los trenes por itinerario desde ahora demorarían cuatro horas y media en recorrer los 184 kilómetros para los trenes expresos, llegando en el verano a trasladar cerca de quince coches de pasajeros. Una vez lograda esta hazaña, el tren no tardaría en llegar a Los Andes en 1874, línea desde la cual saldría en 1910 el Ferrocarril Transandino. El tramo entre el puerto y la capital sería la primera línea de Ferrocarriles del Estado en ser electrificada. Para ello en la década del 20` se inicia un proceso de modernización que incluía la compra de todo el material necesario para iniciar el recambio energético, junto con la compra de locomotoras y la renovación del equipo de pasajeros. Este proyecto ya había sido contemplado una década antes, que posiblemente debido al estallido de la Primera Guerra Mundial, su desarrollo se había visto pospuesto. Ferrocarriles del Estado determinó que el sistema que más le convenía para electrificar era el de 3.000 voltios de corriente continua, utilizado en los Estados Unidos en el Chicago Milwaukee Saint Paul and Pacific Railroad, el cual había sido estudiado por una comisión que la propia Empresa destinó en el país del norte. El servicio de pasajeros dejaría de operar en la década de los 80’ y el de carga sigue operativo a cargo de FEPASA.
CUADRO N° 1 1º de Octubre de 1852, se inaugura los trabajos del ferrocarril entre Valparaíso y Santiago, siendo presidente de la República Manuel Montt. |
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